Artículo publicado en la
revista zonal «Entre Nosotros»,
al despedirse de la Zona
Rural Costa.
Marzo del 73
«Amigos de la zona Rural Costa: Antes de irme hubiera
querido conversar un poco con todos, despedirme y agradecer todo aquello
que he recibido que es mucho más de lo que he aportado. No fue posible.
Primero que todo quiero agradecer todo aquello que aprendí de ustedes. En
la Zona di mis primeros pasos en Chile. Y agradezco a todos aquellos que
pacientemente fueron ayudándome a comprender la idiosincrasia de nuestra
gente y de nuestra Iglesia con todas sus grandezas y limitaciones.
Agradezco a todos la posibilidad de haber convivido y trabajado juntos
desde posiciones y mentalidades muy distintas, empeñados en la búsqueda
honesta de una Iglesia más pura y servidora.
Sé que hubiera podido trabajar más y hacer las cosas mejor. Cuando
se mira una situación a distancia uno ve con más frialdad las cosas. Pero
también sabemos que no todo está ganado ni todo está perdido, porque la
Iglesia no termina ni empieza en ninguno de nosotros y sabemos que sólo
Cristo es el arquitecto del Reino. El es el principio y el fin de todas
las cosas y no ninguno de nosotros.
Debo un recuerdo especial a los cristianos de San Antonio. Hubo
tensiones y exigencias. Gracias a ellos, a los que me han ayudado a
perfilar mi existencia sacerdotal en el trabajo. Me devolvieron algo muy
importante de mí mismo. Gracias a los que tuvieron la honestidad de
manifestarme sus desacuerdos, sus temores y sus críticas. Me ayudaron a
pensar, a revisar, a comprender algo que creo muy importante: Nadie tiene
el monopolio del Espíritu. Esto vale especialmente para los sacerdotes del
decanato con quienes fuimos construyendo una unidad, dolorosa, tensa,
superficial a veces, pero creo que fecunda.
Actualmente estoy en el Hospital San Juan de Dios y en el decanato
Caro en la Zona Sur. Vivo con Alfonso Baeza y trabajo en el MOAC. La
Iglesia es un misterio de obediencia no siempre fácil ni tan claro. Un día
nos dicen «ven» y venimos. Otro día nos dicen «vete» y nos vamos. Ojalá
que a través de lo humanamente absurdo de nuestra vida sepamos descubrir
el rostro de Dios, que a menudo se nos manifiesta a través de aquellos que
parecieran los que más lejos están de El.
Quisiera desearles algo, para ustedes y para mí. Que nunca nos
sintamos satisfechos, que tengamos la audacia de buscar siempre nuevos
caminos. Que sepamos aceptar el riesgo de equivocarnos, de no encontrar.
En definitiva, la experiencia del desierto. Nuestra misión no es gozar
aquí del Reino, sino construirlo y acompañar a otros en su búsqueda».
«Estoy contento porque el nuevo Vicario Episcopal me ha dejado libre
de Parroquia para que me dedique a trabajar como asesor del MOAC en la
población donde estoy viviendo. A partir de Julio dedicaré los domingos a
ayudar en una población vecina donde no hay cura». (Junio
73)
«Ahora estoy trabajando en un Hospital de Santiago y soy asesor del
MOAC. Vivo con el asesor nacional del MOAC (P. Alfonso Baeza) en la
Población José María Caro, en la Zona Sur de Santiago. Con él me entiendo
muy bien ya que habíamos trabajado juntos en la formación de equipos del
MOAC en el Puerto de San Antonio, y él me ofreció su casa y su compañía.
Además hice un curso de administración de personal, cosa que me permite
ser nombrado como jefe de la oficina de personal. El Hospital tiene unos
300 funcionarios, es muy grande y en la oficina estoy a cargo de 14
personas, entre las cuales hemos de controlar los derechos y los deberes
de todo el personal del Hospital y su movimiento. Esto me ha ayudado mucho
a estar presente y a comprometerme con la gente en un plano mucho más real
y profundo porque uno descubre aquí muy claras las raíces del pecado y de
la injusticia. Creo además que el trabajo que estamos haciendo algunos
sacerdotes dentro de la clase obrera puede ayudar mucho a mostrar un
rostro más auténtico de la Iglesia, a pesar de nuestras deficiencias, pero
tenemos confianza, ya que donde comienza nuestra debilidad allá comienza a
manifestarse más claramente la fuerza de Dios». (Junio
73)
«Ya estaréis enterados de que el 29 hubo un intento de golpe de
Estado. La derecha no se resigna a perder los privilegios que tenía desde
tanto tiempo y no puede permitir que los de abajo comiencen a estar bien».
(Julio 73)
«Por aquí los cosas siguen con mucha tranquilidad y hay mucha
intervención militar en el Gobierno, cosa que nos da la seguridad de que
no habrá ningún golpe militar. Pero también el precio que se paga es que
el proceso de socialización es mucho más lento. Yo con el trabajo de la
oficina y los grupos del MOAC ya lleno mi vida y no me queda tiempo para
poder dedicarlo a otras actividades que podríamos llamar peligrosas».
(Agosto 73)
«Por aquí las cosas están difíciles. Las contradicciones se han ido
agudizando cada vez más y el ambiente se está poniendo pesado. Ahora mismo
tenemos los médicos en huelga por motivos políticos y las enfermeras
también. La tensión va creciendo cada día más y la derecha se está jugando
a fondo las últimas oportunidades para tomarse el gobierno». (Sept.
73)
«Políticamente, la situación está tensa. Es difícil predecir cómo
acabará todo. De todas maneras el pueblo es sensato y creo que la
serenidad prevalecerá. En cuanto a mi trabajo de Iglesia va muy bien.
Además del MOAC, va creciendo poco a poco, pero con seguridad, un grupo de
cristianos preocupados de los problemas de la salud de la población. Son
gente de diferentes hospitales y centros de salud con los que
periódicamente nos reunimos». (Sept.
73)
«Queridos padres y hermanos: Estoy bien. Todo ha pasado. Os estoy
haciendo una larga carta que no la he terminado aún y en la que os explico
como ha ido todo. He estado todos estos días en el Hospital. Ayer vine a
San Bernardo a ver a los amigos. Están bien. Supongo que ya habéis tenido
noticias y que estáis un poco intranquilos. Tened calma y no sufráis.
Todavía no sabemos como irá todo y no hay que alarmarse. La «normalidad»
va volviendo al país. No os digo más porque pronto os llegará otra carta
donde os explicio muchas cosas. Recuerdos a todos. No sufráis. Os quiere y
aprecia, Juan». 15 de Sept. de 1973. (La carta larga nunca les llegó).