Cartas Mutiladas
________________________________________________________________ María Elena Blanco

Jorge Müller
Enlace a poema
A mi hermana
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A Carmen Bueno Cifuentes, in memoriam
A mi hijo, ad memoriam

llenar tu día, dices, para alcanzar la noche salvadora: acuérdate de la noche neoyorquina: noche de iniciación, iniciación a la noche/
en otra/
dimensión del tiempo, llenó sus días un sueño mortecino y una avalancha gris congeló su memoria, todos estaban cerca
Carmen Bueno Cifuentes
pero nadie acudió, nadie vio cómo iban secándose los pedacitos de alma/
se escondió como una delincuente/
sintió culpa/
ella misma no sabe cómo/
salió de allí/
sin errar
por senderos
perdidos
no hay
llamada/
zambullida en la piscina sin fondo, en el silencio claro de la soledad, en el aire cerúleo de un gimnasio (en la noche)/
abarca en el tiempo otros espacios, mesas, camas,
lo propio y lo ajeno, bebe y brinda
la copa de pasión
urbi et orbi, echa rizomas, ser de todas partes y ninguna pregunta quién soy, quién fui antes de ser yo, quién hubiera/habría sido si, quién serás tú, bufón carnavalesco, camaleona/
querida y añorada carmen, como sin duda
te ha contado un ángel, acarreaba
tu nombre y tu retrato
a fábricas
colegios
cineclubes de barrio/
su reflejo
aumentado
en el vidrio sucio
de la puerta del subway, el corte
triangular de los pómulos, la mueca voluntariosa
y triste de la boca, las cuencas de los ojos, sabe lo que era/estar cesante y entregada a la actividad menos rentable del planeta y sentirse absolutamente útil/
de traje de chaqueta y maletín a las grandes mansiones
de los ricos, la tierra prometida a cuestas, tú hermosa y desnuda/
carmen bueno/
sobre el celuloide, a narrar tu odisea, pedir plata/
el peso de los años de exilios (dos de signo opuesto)
y su fugacidad/
breve imagen borrada por la mano grasienta
de cualquier pasajero o el dedo
veloz del maquinista al entrar
en la siguiente estación/
a hurgar en heridas innombrables, remover la sangre y la memoria de/todos/
Cuba/Chile/
junto a las de esas magnánimas familias judías, a exorcisar
una y mil veces la vergüenza ajena y la culpa colectiva/
recuérdalo/
fue entonces la familia estrecha, un todo aceitado,
anticuado, un poco primitivo, cada intento
de mejorar la casa una derrota, la compra
de una alfombra el símbolo
del abandono eterno
de la tierra
natal/
ese lugar abstracto, simbólico, virtual
que une como mínimo común denominador al clan maduro, ya disperso, a punto de reproducirse por sucesiva vez y desaparecer tal como lo conocimos/
tu carta la mandé y la recibí en mis propias manos, un océano y unos días después/
él ya no estaba, no volvió nunca más, como el abuelo/
como carmen/
lo encerraron allí/
(ella viva, reviva, rediviva/
tú, mi descendencia, ¿vínculo o eslabón perdido?)/
único testimonio, tenue huella en el tiempo o la memoria: película, papel, trazo, impronta espiritual en la especie/
tú llenas las lagunas de tu propio pasado inventándolo
con imágenes matrices, esquinas recortadas, arte
de deriva y merodeo, tú la has visto ahora,
y ya la amas y la odias, la ciudad,
desmoronándose en la luz
gloriosa del trópico,
como a la otra, la pujante
ciudad de hollín y de ladrillo rojo, tú sales victorioso al vacío y tomas y te empapas de mundo/ella
llena sus horas regalándose hasta el agotamiento/
la historia da vueltas de carnero al menor pestañazo o golpe de lente, el ojo es un agujero negro (ya se dijo)/ y las ciudades
y el hombre un amasijo de contradicciones
tú, yo y ella (ellas)/
todos tratando de sobrevivir: miedo a la vida,
miedo a la muerte/
yo (también)
desbordo mi día acaparando
para la pérdida futura/
atrincherada hasta
nueva
configuración/

Carmen Cecilia Bueno Cifuentes, desapareció en Santiago, en noviembre de 1974. Tenía 24 años de edad, estaba soltera, y su profesión era la de cineasta. Como tal, trabajaba para Chile Films, siendo además militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). El 29 de noviembre de 1974, cuando la detiene la DINA rumbo a su trabajo, detienen también a su compañero del MIR y de Chile Films Jorge Hernán Müller Silva. Ambos fueron vistos en "Villa Grimaldi" y en "Cuatro Alamos", desde donde finalmente desaparecieron.


EL CARAPALIDA Orlando José Manzo Durán, era el jefe de Cuatro Alamos, lugar de transición entre Villa Grimaldi y Tres Alamos, donde se estaba en libre plática. A pesar de que se suponía, era éste un lugar para reponerse de las torturas y no llegar en tan malas condiciones al lugar donde se recuperaba la vida, muchas personas fueron sacadas de allí a un destino desconocido del que nunca más volvieron. Es el caso de Jacqueline Binfa, Carmen Bueno y Muriel Dockendorf, entre muchas otras. De este lugar salió para siempre "Mauro", un guardia que vigilaba a los presos con quienes tenía una actitud humanitaria. "Mauro", que resultó ser Carlos Carrasco Matus, está desaparecido. Nada de eso era desconocido para el teniente Manso, que en calidad de funcionario de la DINA tenía una perfecta connivencia con la Villa Grimaldi. Los prisioneros lo conocían como "El Carapálida", por su tez como pantruca y los guardias como "Lucero". Trataba mal a todo el mundo, a gritos, con sorna, y hay acusaciones de violación en su contra por parte de algunas detenidas. A quien quería escucharlo, Manso informaba que era oficial de Gendarmería, en comisión de servicio en la Dina. Efectivamente, fue repuesto en el servicio y apareció en sus nóminas al menos hasta 1989.


María Elena Blanco (poema del libro Corazón sobre la tierra/tierra en los Ojos, Eds. Vigía, Matanzas, Cuba, 1998)

María Elena Blanco: poeta, ensayista y traductora cubana, nacida en La Habana en 1947. Vivió y trabajó en Chile de 1970 a 1973; tras el golpe militar participó activamente desde Nueva York en el movimiento de solidaridad con Chile y en organizaciones de defensa de los derechos humanos, como la OPPHRICH, Action for Women in Chile y el Emergency Committee to Defend Latin American Filmmakers, cuyas campañas en pro de Carmen Bueno y Jorge Müller, entre muchos otros desaparecidos, tuvieron amplia repercusión.

Ha publicado dos poemarios, Posesión por pérdida (Santiago de Chile y Sevilla, 1990) y Corazón sobre la tierra/tierra en los Ojos (Eds. Vigía, Matanzas, Cuba, 1998), así como un libro de estudios críticos sobre autores latinoamericanos y españoles, Asedios al texto literario, Ed. Betania, Madrid, 1999. Publica regularmente ensayos y traducciones literarias en revistas de América y Europa. Actualmente vive en Viena con su esposo, el escritor chileno Eduardo Labarca.


Si sabes algo más sobre Carmen Bueno o su compañero Jorge Müller, haz un e-mail a grimaldi@xoommail.com para que todos podamos conocerlo. Si sabes algo sobre cualquier desaparecido o asesinado por la dictadura, escríbelo también para que jamás lleguemos a olvidarlos.


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