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Coco y Floro, más que compañeros de la Escuela de Construcción Civil, eran amigos, y más que amigos, eran integrantes de ése que llamaban el Circo Minero. El Coco Malabarista, comefuego rola rola; Floro mago hipnotizador. Pero no sólo eso, este par eran además gente de Alfa Pi e integrantes de la FLECH; en otras palabras,
libres pensadores laicos y tolerantes que, más tarde o más temprano, llegarían a integrar la Fracmasonería. Ahí fue, en la FLECH, que conocieron al gordo Peña de la Universidad de Chile, y constituyeron con él una fraternidad memorable que nosotros, los menores de la FLECH, todavía liceanos, bautizamos como "Three cool cats".
Tres amigos que se divertían, se notaba: por el día fuerte al estudio, por las
noches se ponían sus botas beatle lustradas para salir detrás de las
muchachas de la Chile o la Normal, sin dejar de lado tampoco a las del Liceo de Niñas. Si aparecían incluso derrepente con alguna del Colegio Inglés o de los
Sagrados Corazones, es que para ellos no existín diferencias, y si existía, para ellos no tenía importancia. Three cool cats eran democráticos, decididamente democráticos; y si se me vienen hoy
al recuerdo como "Three cool cats", es porque a todos nos parecía que
ese trío de compadres jamás iba a separarse: tres buenos para la risa y el canto. Aclaro que aunque la canción de Los Beatles que evoca su sobrenombre hablara de gatos, éstos no lo eran, pero sí
eran gallos e igualmente encachados. Valientes e inseparables,
así
eran; y así los recuerdo; así mismo fue que estuvieron de pronto en la revolución, aunque sus
destinos fueron diferentes, parecidos pero diferentes.
Floro se convirtió en Constructor Civil y partió a trabajar al norte, el gordo Peña se recibió en la Universidad de Chile y permaneció trabajando en La Serena. Coco, llamado también Claudio Contreras
vino a Santiago a continuar sus estudios en la Escuela de Ingenieros
Industriales; fue ahí donde volvimos a encontrarnos y pudimos compartir muchos fines de semana en la casita donde vivía con mi compañera en el Cordón Cerrillos; la misma donde pudimos acoger por un tiempo más largo a Agustín Martínez, "Boris" , quien ocupó por un tiempo un cuarto que nos sobraba junto a su compañera Gloria y a su hijo de meses. Todo eso hasta el día maldito de cuando vino el golpe; y unos primero
y otros más tarde, tuvimos que ir pasando a la clandestinidad. Fue en esas
circunstancias que nos topamos un día con el Coco por el barrio Diez de
Julio. Supe entonces por él, que Floro que había caído y estaba prisionero en
Calama o en La Serena y que el gordo estaba encarcelado también; y que nosotros corríamos peligro no había que decirlo
porque era más que claro. A pesar de todo tratamos de respirar profundo, y lo
conseguimos, y así relajados ante una taza de café, nos estuvimos acordando de la FLECH, de la Escuela de Construcción Civil, y también de aquello de "Three cool cats". Él quiso entonces darme
explicaciones de por qué no me aceptaban para ir con ellos en
sus correrías tras mujeres: "tú eras sólo un mocoso", repitió varias veces disculpándose.
Y no era tal, yo era apenas tres años menor que ellos -claro que, tres
años,
cuando se tienen catorce o quince son en realidad siglos, centenas
completas-. Terminamos riéndonos y bromeando; al final nos despedimos con
un abrazo interminable. Three cool cats... esa fue la última vez que vi a Coco. Sé
que Floro y el gordo sobrevivieron, los encontré mucho tiempo después por Calama;
pero de ése de alias "Coco" que enloquecía a las muchachas equilibrándose en el rola rola, ya no pude saber nunca nada más; excepto, lógico, aquello triste de los sobrevivientes de la Villa Grimaldi que nos cuentan de cómo lo asesinaban todos los días un poco, y de eso otro miserable que fue la noticia de esos 119 revolucionarios chilenos que se habrían asesinado entre ellos mismos por el norte de Argentina. Pero eso era mentira; la dictadura mintió tanto, mentirosos que se creían con autorización para matar.
Lo único cierto sobre Coco, es que hoy decora el oriente eterno y que con su desaparecimiento truncaron otra vida noble, una de las tantas por las que algún día tendrán que responder, siendo nuestro compromiso el que a Claudio como tampoco a ninguno de los otros, no se les olvide jamás.:

Claudio Contreras, "Coco", Constructor Civil, militante del MIR, fue detenido por agentes de la DINA que llevaban consigo a dos prisioneros en Villa Grimaldi para que lo reconocieran.

Acto seguido, los muchachos fueron trasladados a esa villa donde Ernesto Salinas fue careado con Claudio Contreras y posteriormente llevados para que fueran testigos de la detención de Luis Humberto Piñones Vega (también detenido desaparecido). Luis Piñones y Claudio Contreras fueron sacados de Villa Grimaldi el 25 de enero de 1975, junto a Patricio Urbina Chamorro y a Carlos Guerrero Gutiérrez. De ninguno de ellos se tuvo noticias posteriormente.
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