Homenaje a
María Teresa Eltit
y al Coño Molina _________________________________________________
ENLACE A
"UN ABRIGO PARA MARIA TERESA"
_________________________
__

El Coño Molina no se no se prestaba para bromas

Fue algo que intuí en cuanto nos recibió, en su escuela de Beaucheff; pero su gesto serio y concentrado no fue suficiente, menos todavía para mí que por aquel tiempo andaba desconcentrado (pasé mucho así desconcentrado); y siguiendo mi costumbre de tomar notas y rayar en los apuntes, y hacer pequeños doblajes en los temas que consideraba importantes, eso mismo empecé a hacer, al borde de las hojas que me pasó, en el anonimato que da el sentarse en la tercera fila de pupitres, detrás de los ocho o doce militantes a los que el "el coño" nos daba nuestra primera instrucción especial, que deberíamos traspasar al resto de los compañeros en nuestras unidades. Por supuesto: para mí que con mi desconcentración poco entendía lo que el coño ahí adelante nos explicaba de manera paciente y meticulosa, todos los temas que nuestro instructor abordaba me parecía que "podían ser interesantes", mis apuntes comenzaron a llenarse de dobleces, rayas y manchas.

El coño me vió pero yo no vi que me hubiera visto, o más bien, qué me importaba que él me viera o no me viera. Así era como yo trabajaba con apuntes, y qué diablos, así lo haría ahora; con mayor razón, desconcentrado y decaído como andaba.

Sólo que el coño de pronto se me acercó con chispas en los ojos, y me lanzó a la cara: "con este asco de apuntes vas a traspasar la información de primera calidad que te estoy entregando?"

No supe qué pensar, ni qué decir. Tenía toda la razón, toda. Yo no tenía derecho a rayar ni a estropear, la información que el coño me estaba dando era notable, un esfuerzo tremendo. Lo pude apreciar, sobre todo unos días después, cuando pude releerla en mi cama de enfermo en el "Jota Aguirre", donde me curaron la fiebre tifoidea que ya me estaba matando. Claro que eso el coñ no podía saberlo, cómo si ni yo mismo lo sabía.

Conocí en mal momento al coño Molina que no se prestaba para bromas, hoy daría cualquier cosa por que él estuviera con nosotros aunque quisiera increparme otra vez por rayar y doblar las puntas de sus apuntes. Por último, yo no tenía ningún derecho de hacerlo.

Coño querido, yo sé que te la jugaste con todo, te faltó tan sólo un poco de suerte y tal vez habrías podido safarte. Así libre, quizá hubieras podido salvar a tu propia María Teresa, que se portó tan noble, tan valiente. Ni por eso tuvieron compasión. A los perros cuando se degradan a hienas, no les queda sino destruir cualquier atisbo de nobleza.

Martín Faunes A.

______________________________




LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR
DESCRIPCION EN EXTENSO

__



La hija del palestino,
la compañera del español
__________________________________________________
Lorena Sandoval

El verano de mil novecientos setenta no fue como los otros, partió a Chillán a los trabajos voluntarios a conocer más y a contribuir al desarrollo de las luchas en la zona. Así era ella; y después de discutir y hacer planes con la gente del lugar, se reía con su prima Marta al recordar una borrachera con enguindado, así era ella también. Ella y su prima que juntas en la fogata se narraban historias de terror que no asustaban. Aunque en una ocasión sintieron miedo al invocar a ciertos espíritus, y Marta se desmayó. El miedo a veces desmaya. Tuvieron que dormir juntas y abrazadas.

Rumbo a la Plaza de Armas, la muchacha observa con sigilo a las personas que transitan a su alrededor. Sin coordinar sus pasos tropieza al caminar. No logra olvidar la última vez que lo vio. A pesar del riesgo que significaba, no vaciló en ir, la imagen del encuentro fue imborrable porque su cuerpo, su nombre y su existencia ya no le pertenecían.

Al ver que la camioneta se detuvo frente a ella, supo del peligro. Se paralizó por el miedo, pero la muerte violenta de José Bordás, la injusticia de aquello, hicieron que pusiera resistencia a los dos individuos que la introducían a la fuerza a la camioneta Chevrolet que no tenía patente ni identificación.

No supo a dónde la llevaron, sin duda era un recinto secreto, había demasiados. Le indicaron que las preguntas en los cuartuchos no las hacía ella sino el "coronta", sólo el "coronta". Sin embargo otra persona comenzó a interrogarla y a exigirle que hablara. Sentada en el camarote, ya sin vendas en los ojos, reconoció a Emilio Irribarren, un pequeño amor del tiempo de la secundaria, quién ahora olvidado de sus convicciones, se había trasformado en su enemigo.

El, se limitó al comienzo, a insultarla mientras la intentaba obligar a efectuar retratos hablados, pero cuando la descubrió compañera del "Coño Molina", y se pudo dar cuenta con eso de su nivel en la organización, multiplicó en mucho su nivel de ensañamiento, una máquina de hacer sufrir. No lo detuvieron siquiera los vestigios de aquel romance, los que se pasaban al enemigo, debían mostrar siempre más crueldad, más salvajismo, de otra manera no les creían, sólo superándolos a ellos podían creerles.

Ella, a pesar de la fragilidad con que estamos hechos los humanos, nada dijo del "Coño" como nada dijo de nadie; quizá la ayudó el concentrarse su compañero tan querido, aunque lo hubieran asesinado algunos días atrás y eso fuera algo ya sabido. Cerró los ojos e invocó su rostro y los buenos momentos con él. Recordó también aquel verano en Chillán. Necesitaba soportar el dolor del cuerpo, pero también el más terrible, que sofoca el corazón.

La dejaron descansar unas semanas y le asignaron la tarea de llevar los platos con comida a los demás detenidos. Esta rutina le permitía conversar con ellos, eso sí, tenía que sobrepasar primero la desconfianza que todos se tenían. Su preocupación mayor era el estado de su madre viuda, porque María Teresa fue la única que nació del romance que vivió ella con un inmigrante palestino que la amó cuando ya estaba en el ocaso.

María Teresa, corrió a la cama, se recostó en el colchón, nerviosa se puso los aros, el interrogatorio había sido duro, al principio los guardias se equivocaron y sacaron a Mónica, otra detenida; una que en el día anterior, en ese gesto tan de mujeres se habían intercambiado con ella la ropa. Se vistió con una falda, polera y las chalas de mezclilla que la misma Mónica le había ablandado, porque ni presa abandonó la maña de tirar los zapatos cuando le dañaban los pies, antes ese favor se lo pedía a su prima Marta.

Con firmeza reclamó el reloj y otras pertenencias que faltaban en el cartucho arrugado que le pasaron. Salió esperanzada en volver a casa, aunque su mirada contradecía sus palabras. Quizás intuía que nunca llegaría a Tres Alamos, el campo donde la reconocerían como detenida, antesala de la libertad.

_________________
María Teresa Eltit Contreras, fue detenida en la vía pública el 12 de diciembre de 1974 en Santiago por agentes de la DINA. Era la compañera del Coño Molina, encargado militar del MIR, estudiaba Secretariado en el Departamento Universitario Obrero Campesino (DUOC) y era también miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Se la vio en Villa Grimaldi. Desde entonces, se desconoce su paradero.

Por su parte, el Coño Molina, era ingeniero y, ya lo dijimos, encargado militar del MIR. El Coño fue objeto de una cacería encarnizada que no se detuvo hasta que lograron emboscarlo y asesinarlo. Con su caída el MIR perdió a uno de sus principales y más valiosos elementos.

José Bordás fue emboscado en la casa de calle San Francisco junto a Miguel Enríquez, Carmen Castillo, embarazada y sus dos niñtas, y Humberto Sotomayor. José Bordas y este último, lograron escapar durante el comienzo del combate. A uno lo vio Anita, la vecina, saltar al patio de su casa y de ahí a la calle San Francisco; el otro huyó en dirección a Varas Mena, una calle paralela al sur de Santa Fe. Sotomayor se asiló después en la embajada de Italia y posteriormente, José Bordas fue emboscado por el SIFA el 5 de diciembre. Cayó herido y murió dos días después en el hospital de la FACH, después de atroces torturas.

Con respecto a Emilio Irribarren, de nombre supuesto "Joel", el pequeño amor de la secundaria de María Teresa, es una eminencia gris que tendría mucho que decir en torno al destino de nuestra gente desaparecida. Decimos en su favor que fue quebrado en los interrogatorios, donde lo presionaron mostrándole la tortura de su compañera y del hijo de ambos con síndrome de Down. Nosotros no lo juzgamos, decimos sin embargo, que él, funcionario del Banco Santiago en tiempos de las sesiones de documentación de la Comisión Rettig, se negó a declarar en ésta, aduciendo que nada tenía que aportar; lo cual, sabemos que es mentira. Para Emilio, ex Joel, en el tiempo cuando su honor estaba intacto, el declarar lo que sabe sería volver a nacer. Es algo que debería hacer como una manera de redención, como homenaje a un amor antiguo que con su traición mancilló.


       Si deseas expresar alguna nueva idea en torno a los compañeros mencionados en esta página, haz un e-mail a grimaldi@xoommail.com. Si sabes algo sobre cualquier desaparecido o asesinado por la dictadura, escríbelo también, eso nos ayudará para siempre recordarlos.



LAS HISTORIAS QUE PODEMOS CONTAR

NUESTRAS DECLARACIONES

NUESTRA GENTE QUE NOS FALTA

LOS QUE NOS FALTAN DE TANTAS OTRAS PARTES

PAGINA PRINCIPAL VILLA GRIMALDI


© 1998 __ULTIMOS TRANVIAS