Habían pasado dos días interminables desde que el guatón Pedro debería
haber aparecido. Yo, mientras tanto, me deshacía el nudo en la garganta abrazada de
nuestro Manuelito y contemplando a mi Hugo que se preparaba para su cita de las cinco,
el punto de rescate; se pone bluyines y una camisa celeste que lo hace
verse aún más joven, se anuda
sus zapatillas deportivas y en un bolso de gimnasia instala su pistola Stayer.
Por detrás su cabello que se le ve tan bonito con la permanente que le hicieron, se le
mece mientras camina a grandes zancadas como si fuera un mulato. Lo diviso entonces desde
lejos y alcanzo a ver todavía como se despide de nosotros: "cuidate socio, cuidate mi amor".
Por desgracia, pasaron las horas, los días y los años y Hugo Daniel Ríos nunca volvió.
Posteriormente se supo que fue detenido por la DINA, que cayó herido y se lo llevaron a la
Villa Grimaldi.
Algunas personas que lo vieron allí
me cuentan que su cabeza se caía de un
lado al otro porque tenía una bala en el cuello,
pero pese a ello, estaba tan entero que
a veces incluso canturreaba. Esas personas que lo vieron ahí en esas
circunstancias
desgraciadas, me cuentan también que a fines
de febrero del setenta y cinco, lo sacaron engrillado junto a Manuel Cortés, a
Alan Bruce y a Juan Carlos
Perelman, y se los llevaron al país de los detenidos
desaparecidos. Unos meses después su nombre apareció en una lista de cincuenta y nueve
revolucionarios presuntamente muertos en Argentina. El diario "La Segunda" anunciaba en su
portada: "Como ratas Exterminan a Miristas".
Nada más distinto a una rata era mi socio. Mi socio era adorable,
cómo no iba a estar enamorada de él si su belleza era completa, por dentro, apasionado,
valiente, sensible, lleno de valores que lo hacían estrellarse contra el mundo de injusticias
que veía; por fuera era atlético, delgado, de rasgos finos. Cuando no sabía aún su nombre
verdadero, le decía yo, como García Lorca, Antoñito el Camborio, moreno de verde luna, voz
de clavel varonil.
Después de tantos años, el próximo catorce de febrero, se cumplirán veintisiete desde que
desapareciera; sin embargo el único reproche que puedo hacerle es habernos dejado solos a su
hijo Manuel y a mí.
 Alan Bruce Catalán |

Manuel Cortez Joo |

Juan Carlos Perelman Ide |
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